Saber Y Hacer

Si sabéis estas cosas, bienaventurados sois si las hacéis” – Jesús (Juan, 13:17).

Entre saber y hacer existe una gran diferencia.

Casi todos saben, pero pocos hacen.

De un modo en general, todas las denominaciones religiosas solamente enseñan lo que constituye el bien. Todas tienen asistentes, creyentes y propagandistas; pero los apóstoles de cada una escasean cada vez más.

Hay siempre voces aptas para indicar los caminos: es la palabra de los que saben.

Mas son raras las criaturas que caminan valerosamente por esas veredas, muchas veces en silencio, abandonadas e incomprendidas: es el esfuerzo supremo de los que hacen.

Jesús comprendió la indecisión de los hijos de la Tierra y, transmitiéndoles la palabra de la verdad y de la vida, dio el ejemplo máximo a través de culminantes sacrificios.

La existencia de una teoría elevada implica la necesidad de experiencia y de trabajo. Si la acción edificante fuese innecesaria, la más humilde tesis del bien dejaría de existir por ser inútil.

Juan registró la lección del Maestro con sabiduría. El versículo demuestra que solamente los que concretan las enseñanzas del Señor pueden ser bienaventurados. Ahí está -en el campo del servicio cristiano- la diferencia entre cultura y práctica, entre saber y hacer.

(Capítulo 49. Saber y hacer, del libro CAMINO, VERDAD Y VIDA. Por el espíritu de Emmanuel. Psicografía de Francisco Cándido Xavier).

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