No Sabemos Mirar – II

El estudio del Espiritismo proporciona un gran lenitivo, si sabemos mirar, esto es, si no nos fijamos en la mayoría de los espiritistas, sino en las comunicaciones razonadas de los espíritus, en la vida infinita que se desarrolla ante nosotros, en la certidumbre de nuestro adelanto indefinido, que indudablemente nos puede prestar un consuelo y una esperanza que se asemeja sino a la felicidad al menos al descanso, al reposo; podemos adquirir la convicción de ser dichosos en un día más o menos lejano, que es a todo lo que puede aspirar el hombre en la Tierra.

 Pero si fijamos nuestros ojos en tal o cual personalidad y le escogemos como modelo de nuestras acciones, y al ver que cae, decimos: el credo de este hombre no puede ser bueno porque él ha caído a pesar de blasonar que comprendía el Espiritismo, desde hoy abominamos tal doctrina. Este proceder que hemos visto en muchos, lo encontramos completamente absurdo y falto de sentido común, siendo sin duda alguna la herencia de los fanáticos religiosos que santificaron a ciertos y determinados hombres y encerraron la religión dentro de círculos microscópicos.

Y ahora preguntamos nosotros: ¿Y de qué nos sirve nuestra razón? ¿No tenemos como los demás seres de la Tierra, memoria, entendimiento y voluntad?

Somos tan torpes, tan obtusos, que necesitamos que nos pongan andadores para comenzar a andar ¿Por qué hemos de seguir las infecundas huellas de los fieles afiliados a tal o cual religión, que fijan su mirada en su vicario, en su santón, en su pastor, y si éste no anda, su grey permanece sin dar un paso?; Y decimos esto, porque sabemos que muchos espiritistas miran a las figuras más caracterizadas del Espiritismo, y si éstas flaquean, desfallecen ellos también perdiendo la fe en una doctrina que es luz y verdad.

EL ESPIRITISMO NO TIENE SANTONES

Si el Espiritismo no tiene santones, si no se consolida en un número de entidades, si los hombres no han de darle valor a su credo, porque éste lo tiene en sí mismo, no negaremos que es más importante para convencer, y para propagar cualquier doctrina, un hombre de buenas costumbres, que no un individuo lleno de vicios, lo bueno siempre es bueno; pero nada pierde un ideal filosófico porque uno de sus mantenedores resbale y caiga ¿Qué es un hombre ante una idea? Menos que un átomo ante el conjunto de la creación.

Pues igual suerte le cabe al Espiritismo, tiene vida propia, no necesita de las virtudes de los hombres para engrandecerse; él será siempre grande, porque sus manifestaciones son la síntesis de la verdad.

[…]La comunicación de los espíritus dio ayer, da hoy y dará mañana perfecta explicación de lo que es la vida, y los médiums encargados de difundir la luz de la buena nueva no son seres privilegiados ni agraciados con un don especial, la mediumnidad es patrimonio de todos; médium puede ser la inocente niña, el pobre presidiario, el escéptico materialista, el fervoroso creyente, así es, que no debemos decir con tono declamatorio y tristeza hipócrita.

¡Ay! El Espiritismo se pierde porque fulano se hunde en el abismo o mengano descubre nuevos vicios, ¿A quién seguiremos ahora?¿A quién habéis de seguir? Al estudio, que es el gran sacerdote que nunca nos desampara, los libros de Kardec son siempre los mismos, de las innumerables obras espiritistas que se han escrito, de sus saludables enseñanzas, no se han borrado sus líneas ni se han esparcido sus hojas; amigas y discretas, esperan que las interroguen para dar generosamente leales consejos.

LOS ESPIRITISTAS NO SABEMOS MIRAR

Nos hemos convencido de que los espiritistas no sabemos mirar, porque simulando un profundo sentimiento, lo que hacemos es sacar a relucir las faltas de nuestro prójimo diciendo: ¡Qué lástima! ¡Cuánto se podía haber adelantado! Si fulano hubiera sido más consecuente con sus ideas, si mengano no hubiera preferido las vanidades del mundo a la enseñanza del Espiritismo; no nos encontraríamos perdidos. Perdidos porque queréis, la verdad no tiene más que un camino, el que quiere seguir firmemente no encuentra obstáculos que se opongan a su paso; para amar no necesitamos instrucciones, el corazón amante lleva en sí la ciencia infusa, el alma ávida del progreso lee en la naturaleza la historia de la creación, el Espíritu pensador encuentra a Dios irradiando en el mar, en el cielo, en el monte y en el llano.

[…]Lo que nos falta a los espiritistas no son preceptores, sino una buena dosis de voluntad firme, inquebrantable, perdemos miserablemente el tiempo mirando los defectos de los demás sin reparar en los nuestros

Martin Luther King

Si los examináramos no nos sobraría ni un segundo para ocuparnos de nadie, pero como no sabemos mirar, perdemos día tras día y año tras año diciendo: si no me regenero es porque no tengo un buen modelo que imitar; y al decir esto, mentimos miserablemente, porque nunca falta un ser virtuoso que nos sirva de ejemplo, lo que nos falta a la mayoría de los espiritistas es afán de progreso, adonde quiera que dirijamos la mirada encontraremos algo bueno que aprender, algo bueno que estudiar, los pesimistas son unos pobres locos, la virtud no es una utopía, ¿Pensáis que si no existieran los reflejos de los buenos sentimientos se podría habitar en la Tierra?

Si hay muchos seres dominados por la soberbia, en cambio los hay que son modelos de humildad; si hay almas avaras, hay también espíritus generosos, si hay hombres entregados al desenfrenado sensualismo, no puede negarse que también existe la pureza y la castidad, si hay personas iracundas.

¡Quién no ha conocido almas pacientes! La paciencia es una virtud puesta en práctica mucho más de lo que se cree, si la gula embrutece a muchos hombres, la templanza y hasta la abstinencia ha santificado a muchos otros, si la envidia corroe el corazón humano, también la caridad lo ennoblece; si la pereza hunde a la humanidad en la ignorancia, la diligencia y la actividad la conduce al progreso, y sucesivamente no hay vicio que no tenga su antídoto, lo que nos hace falta para ser relativamente dichosos es saber vivir, porque los terrenales tenemos un gravísimo defecto: ¿Sabéis cuál es? ¡Que no sabemos mirar!

_

Amalia Domingo Soler

**

Extracto del Capítulo XXVI; titulado: “No sabemos mirar”. Del libro: La Luz de la Verdad.

Imagen portada: photokarl.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *