La Verdad

La verdad, amigo mío, es una de esas abstracciones hacia las cuales el espíritu humano tiende sin cesar, aunque nunca pueda alcanzarla. Es necesario que la busque, pues esa es una de las condiciones del progreso, pero su naturaleza imperfecta, y por el solo hecho de que es imperfecta, no podría conocerla. Al seguir la dirección que sigue la verdad en su marcha ascendente, el espíritu humano está en la senda providencial, pero no le es dado ver su término.

Me comprenderás mejor cuando sepas que la verdad, como el tiempo, está dividida en dos partes por el momento inapreciable que se llama el presente, a saber: el pasado y el futuro.

Por lo tanto, también hay dos verdades: la verdad relativa y la verdad absoluta. La verdad relativa es lo que es. La verdad absoluta es lo que debería ser.

Ahora bien, como lo que debería ser asciende por grados hasta la perfección absoluta que es Dios, de ahí se sigue que, para los seres creados que transitan el camino ascensional del progreso, solo hay verdades relativas. No obstante, el hecho de que una verdad relativa no sea inmutable, no significa que sea menos sagrada para el ser creado.

Vuestras leyes, vuestras costumbres, vuestras instituciones, son esencialmente perfectibles y, por eso mismo, imperfectas. Pero sus imperfecciones no os libran del respeto que les debéis. No está permitido adelantarse a su tiempo y dictar leyes por fuera de las leyes sociales.

La humanidad es un ser colectivo que debe avanzar, si no en conjunto, al menos por grupos, hacia el progreso del porvenir.

El que se separa de la sociedad humana, para dirigirse como un niño perdido hacia verdades nuevas, siempre sufre en vuestra Tierra la pena reservada a su impaciencia.

Dejad a los iniciadores, inspirados por el Espíritu de Verdad, el cuidado de proclamar las leyes del porvenir, sometiéndoos a la del presente. Dejad a Dios, que mide vuestro progreso con los esfuerzos que habéis hecho para ser mejores, el cuidado de elegir el momento que considere adecuado para una nueva transición, pero nunca os apartéis de una ley, salvo cuando sea derogada.

Por el hecho de que el espiritismo haya sido revelado entre vosotros, no creáis en un cataclismo de las instituciones sociales. Hasta ahora, ha realizado una obra subterránea e inconsciente para quienes eran sus instrumentos.

En la actualidad, despunta el sol y se hace la luz, pero no por eso la marcha del progreso debe perder su lenta regularidad.

Imagen: Ron Lach.

Desconfiad de los Espíritus impacientes que os impulsan hacia el sendero peligroso de lo desconocido. La eternidad que se os ha prometido debe hacer que os apiadéis de las ambiciones tan efímeras de la vida. Sed reservados al extremo de sospechar con frecuencia de las voces de los Espíritus que se manifiestan.

No olvidéis que el espíritu humano se mueve y se agita bajo la influencia de tres causas, que son: la reflexión, la inspiración y la revelación.

La reflexión es la riqueza de vuestros recuerdos, que agitáis voluntariamente. En ella, el hombre encuentra lo que le resulta rigurosamente útil para satisfacer las necesidades de una posición estacionaria.

La inspiración es la influencia de los Espíritus extraterrenales, que se combina en mayor o menor medida con vuestras propias reflexiones para impulsaros al progreso; es la injerencia de lo mejor en la insuficiencia del tránsito; es una fuerza nueva que se junta con una fuerza adquirida para llevaros más lejos que el presente; es la prueba irrefutable de una causa oculta que os impulsa hacia adelante, y sin la cual permaneceríais estacionarios; porque la regla física y moral es que el efecto no puede ser mayor que su causa, y cuando eso ocurre, como en el progreso social, es porque una causa ignorada, desapercibida, se sumó a la causa primera de vuestro impulso.

La revelación es el más elevado de los poderes que agitan el espíritu del hombre, porque procede de Dios y solo se manifiesta por su expresa voluntad.

Es poco común, a veces incluso imperceptible; y otras veces es evidente para quien la experimenta, a tal punto que se siente involuntariamente un respeto sagrado. Os repito que es poco común, y se concede habitualmente como recompensa para la fe sincera, para el corazón abnegado.

Pero no vayáis a aceptar como revelación todo lo que se os ofrezca como tal. El hombre se vanagloria de la amistad de los grandes, los Espíritus se vanaglorian de contar con un permiso especial de Dios, permiso que a menudo no poseen. A veces, estos hacen promesas que Dios no ratifica, porque solamente Él sabe lo que hace falta y lo que no.

Esto es, amigo mío, todo lo que puedo deciros acerca de la verdad. Inclinaos ante el gran Ser por el cual todo vive y se mueve en la infinidad de los mundos que son regidos por su poder. Considerad que, si en Él radica toda la sabiduría, toda la justicia y todo el poder, en Él también radica toda la verdad.

Pascal (Espíritu)

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REVISTA ESPÍRITA Mayo 1865. Disertaciones Espíritas. III – La Verdad. (Lyón, noviembre de 1863. Médium: Sr. X…)

Imagen de portada: Blaise Pascal (1623-1662).

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