La Libertad Conyugal

LA LIBERTAD CONYUGAL

Son pocas las personas en el mundo que ingresan en las experiencias del matrimonio teniendo las reales nociones del proyecto al cual se ajustan.

Al observar los disparates educativos, así como también las distorsiones emocionales y el bagaje de conquistas intelectuales y morales de los seres, no será difícil admitir la cantidad de serios problemas, de dramas dolorosos o de grotescas aberraciones que inciden en el contexto de las relaciones esponsalicias.

LUCIDEZ Y AUTOCUESTIONAMIENTO

Es recomendable que los candidatos al casamiento, a pesar de las fajas de sensaciones y de encantamiento a las cuales se entregan, se esfuercen por mantener encendidos la lucidez y el autocuestionamiento, para que, a través de los cuales cada uno pueda evaluarse, dándose cuenta de las condiciones superiores o inferiores para este importante propósito.

Es inadmisible que los partícipes de la formación doméstica, como adultos, no hagan valer esa prerrogativa, buscando la madurez de sí mismos en la lucha por superar los modos y los gustos que ponen en peligro a la institución del casamiento.

En su gran parte, los cónyuges no perciben que en la asociación del matrimonio un alma no se funde con la otra; de esta manera, cada cual continuará con sus gustos y con sus disgustos a través del camino, en el esfuerzo que precisarán realizar para su propia evolución.

Los dos no se vuelven una amalgama; sin embargo, se unen en una concebible aceptación mutua, sin que uno tenga el derecho de exigir o de imponer al otro sus contenidos, sus intereses o sus pasiones.

La unión conyugal es espontánea, restando considerar que cada uno tendrá, para con el otro, compromisos que deberá cumplir.

Ninguno de los elementos de la pareja estará totalmente liberado como antes de la unión.

Cada uno deberá dar atención y respeto a la otra parte, motivando la nobleza de dar explicaciones de sus actos y participando en las gratas realizaciones del espíritu de recíproca cooperación, sin que nadie se sienta dominado, forzado, coaccionado o constreñido a semejante actividad.

La libertad de los cónyuges es innegable, sin que dicha libertad redunde en irresponsabilidad, en liviandad o en locura, las cuales son capaces de inyectar los virus de la rebeldía y del odio, y los bacilos de la desesperación, del resentimiento, del tedio o de la indiferencia, los que destrozarán a la construcción matrimonial.

SIN MACHISMOS NI FEMINISMOS

En el contexto de la sociedad familiar, se vuelve urgente que las jóvenes y los jóvenes sean educados para esa tan grandiosa realización con la expresión de la verdad y de la seriedad. Sin los «machismos» o «feminismos» de moda, los cuales no encuentran sus bases en la verdad educativa y sí en la avasalladora onda de sombras que en la actualidad terrena se abate sobre la institución familiar.

Tenemos que transformar al «machismo» y al «feminismo» en hombría, en respeto y en nobleza de caracteres, tanto del elemento masculino como del femenino.

En los engranajes de la reencarnación, ser hombre o mujer son posiciones elegidas o sugeridas en el Mundo de los Invisibles, a fin de que el Espíritu pueda desempeñarse bien en el conjunto de sus compromisos del progreso.

Para ambos hay desempeños compatibles, siendo que uno no es más importante que el otro ante la Visión del Creador. Todos somos convocados por las Leyes del Infinito al avance moral, al crecimiento intelectual y al desarrollo de todas las virtudes potenciales de lo íntimo.

Cuando la mujer se valore – sin presunción y banalidades – y el hombre se contemple – sin orgullo y prepotencia -, se unirán como hermanos que, ya no identificados con la necesidad de superar al otro, se darán las manos, apoyándose mutuamente en el proyecto conyugal.

La meditación, la oración en conjunto, la búsqueda del bien en todas partes y el ejercicio de la tolerancia, de la paciencia y de la indulgencia sin enfados, han de ayudar de un modo formidable a la paz del hogar.

Mientras se encuentra en las venturosas realizaciones del verdadero amor, que no puede reducirse a los intercambios hormonales del lecho en común, la pareja de la construcción conyugal se ejercitará en la práctica de la libertad responsable, la cual evitará los procesos desgastantes y corruptores, fomentando así las bendiciones de armonía y de ternura que cada uno de los consortes merece vivir.

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Thereza de Brito (Espíritu)

“La libertad conyugal”. Capítulo 7; de la obra: VEREDA FAMILIAR. Psicografía de Raul Teixeira.

Imagen portada: gabrielferraz.

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