DIVALDO PREGUNTA A CHICO SOBRE EL SEXO
(Divaldo narra una experiencia personal en una conferencia impartida en Brasil.) (*)
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Yo tenía una pregunta para Chico Xavier sobre el sexo, pero me daba vergüenza, porque en aquel entonces la palabra sexo era tremendamente inmoral, no se pronunciaba, todo el mundo era asexuado, los niños nacían en repollos y llegaban en cigüeña, y yo quería nacer en Suiza, pero la cigüeña que pasaba por Salvador de Bahía se cansó y me dejó allí. (Risas del público).
En aquel entonces, amigos, yo tenía 19 años… ¡Dios mío! ¿Qué hacer? Sentía mi mente como inmunda, era la época de la castración religiosa; yo era sacristán, quería ser fiel.
Fuimos en Pedro Leopoldo, a la casa de Doña Luisa para el almuerzo, junto con el propio Francisco Cándido Xavier; yo le observaba, y vi que se levantó para servirnos… yo no quería comer nada, solo quería mirarlo. Entonces él me miró captando mis pensamientos.
¿Cómo podemos olvidar que hay embajadores de Dios en la Tierra, y hemos tenido la oportunidad de conocer a uno de ellos? No es un simple cumplido, es un reconocimiento público permanente.

Cuando terminamos el almuerzo, salimos de la casa de Doña Luísa, él me tomó del brazo; había un naranjo en flor, y luego arrancó un tallo, me miró con un poco de dificultad visual y dijo con palabras simples:
“Todo en la naturaleza es una función sexual, la planta que inserta sus raíces en la tierra para succionar el humus y el agua, y a su vez, para transformarlos en madera, en perfume, en flor y en fruto, realiza una sublime función sexual.
El sexo es el departamento más sublime de la vida, las criaturas humanas atormentadas por el disfrute y el placer, transforman una función divina de procreación en lujuria, en libido…”
…Y durante dos horas, él abordó el tema.
“La persona que vive en una relación honesta, vive en castidad, y la persona que se castra y tiene una mente pervertida, se encuentra en corrupción. Lo importante no es el acto, es la intención; Dios puso las hormonas del placer para que la sagrada fuente procreativa sea el resultado de una emoción divina, y es por esto, que esa sensación psicofísica otorga la plenitud.
La gran bendición del amor, no es el acto sexual, porque uno puede amar sin realizar el acto, del mismo modo que se puede experimentar el acto sin amar.
Los animales en general se reproducen, pero no se aman entre sí.
El amor es la presencia de Dios en el alma; y en el momento en que uno busca el éxtasis en lugar del mecanismo erótico; la ternura, el amor, las expresiones que producen hormonas de naturaleza transpersonal, y que se producen en las neuronas del cerebro; liberan oxitocina…
Y después de la efusión, cuando es invadida por las hormonas de la belleza, debe continuar este acto de 16 segundos o 18, con el sentimiento de gratitud por el otro; y en lugar de dar la espalda, decirle acariciando:
¡Cómo te amo! Mi vida sin ti no tendría sentido. Tú eres el pan de mi existencia…
Es un acto tan profundo que un letargo se apodera del ser, para renovarse y vivir…”
Dos horas, y yo, deslumbrado, memorizando, devorando cada sílaba; y cuando él terminó me dijo así:
«Este es un regalo de André Luiz para tu juventud…”
Me entusiasmó… no podía ser de otra manera. (Aplausos).
Divaldo Pereira Franco.
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(*) Redacción.


