Mensaje dirigido a Amalia Domingo Soler por un Espíritu Guía.
¡Dios da ciento por uno!
No lo sabes bien aún, (me dice un Espíritu) y no lo sabes porque la sombra de tu ayer te intercepta los rayos de la luz que con tu trabajo difundes.
Los grandes pecadores de ayer son antorchas que dan la luz, dan calor y se consumen sin que su propia luz les ilumine y sin que su calor les vigorice; pero el que tiene que ver la luz, la ve, el que tiene que sentir el calor de una nueva vida, siente ese calor bendito que le hace renacer; por eso tu voz que transmite la inspiración de los espíritus y tus confusos recuerdos del pasado, resuena en los parajes donde debe resonar, y curas a los otros por el mismo sistema que te curas tú.
Te diriges especialmente a los desgraciados y no les prometes cielos y bienaventuranzas imaginarias, les presentas por el contrario cuadros sombríos, expiaciones terribles diciéndoles: en el abismo del dolor nunca se llega al fondo, pero de ese abismo se puede salir si la resignación nos fortalece, y si somos útiles a los demás, aún en medio de la impotencia más horrible.
SER ÚTILES EN LA EXISTENCIA FÍSICA
Contenta puedes estar de tu trabajo, porque muchos desgraciados piensan en ti; la prueba que has visto últimamente en un hospital, se te ha dado para que te reanimaras y te convencieras de que, tu paso por la Tierra no ha sido estéril.
¡Si todas tus existencias hubieran sido tan útiles como tu encarnación actual, cuán distinta sería tu misión en la Tierra! ¡No preguntarías como preguntas hoy! ¿Dónde está mi hogar?… pregunta que repites centenares de veces, y no lo preguntarías porque tu morada sería un paraíso, tu familia se compondría de espíritus felices, la virtud y la ciencia reinarían en torno tuyo y darías cima a las empresas más grandes y más gloriosas.
Procura pues ser útil a los desgraciados, no te entretengas preguntando a los espíritus ¿Dónde está mi hogar? Porque tu hogar se encuentra en todos los parajes donde tu voz consuela, reanima y fortalece a los débiles, a los enfermos, a los humillados, tus libros por esta vez no los cubrirá el polvo de las bibliotecas, no los guardarán los sabios, no servirán de consulta a los académicos, pero estarán manoseados, sucios y rotos, entre las prendas usadas y remendadas de las pobres obreras, que meciendo la cuna de sus hijos, en un momento de descanso abrirán un armario desvencijado y de él sacarán algunos números de tu LUZ, los cuales leerán con avidez; y en los presidios, más de un criminal arrepentido guardará cuidadoso las humildes hojas de tu LUZ y allí donde todo es sombra, repetirán tu nombre con cariño.
LA SEMILLA DEL ESPIRITISMO
Arroja pues la fructífera semilla del Espiritismo. Tú que te precias de ser agradecida, agradece en lo que vale la inspiración que te dan los espíritus, porque ¡Hay tantos que desean expresar sus pensamientos y no pueden!…
Si vieras cuántos que pasan por idiotas, son sabios profundos que tienen que enmudecer y sufrir las rechiflas de los unos, y las groseras burlas de los otros, su pensamiento es un volcán, y sus ideas cual lava abrasadora queman su cerebro, sin que aquel fuego escondido de luz, no dé calor a nadie ¡Cuán dignos de compasión son esos desventurados!
Tú, al menos, en lenguaje vulgar expresas lo que sientes, despiertas el sentimiento en los más pequeñitos, en los más humildes, siembras y ves florecer tu cosecha, tu campo no lo invaden orugas destructoras; brotan las espigas y la cizaña no les quita vigor y lozanía; labras la tierra y ésta cede fácilmente al empuje de tu voluntad.
Labrador humilde, sigue empleando tus horas en abrir el surco que ha de recibir la productora semilla del progreso, no te perturbes por las contrariedades que te rodeen, no mires al pasado ni al presente, mira al mañana…, y el que ayer vivió en la sombra, mañana vivirá en la luz.
Adiós.
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Mensaje dirigido a Amalia Domingo Soler. Extraído del capítulo XXI, titulado: “A Trinidad”. De la obra: La Luz de la Verdad.
Imagen portada: Florence Nightingale en el hospital de barracas en Scutari. Año 1880.



