Las Armas Del Bien

En un mensaje de María Edwiges Borges (Espíritu), recibido mediúmnicamente por el doctor brasileño Leonardo Machado, hablaba de los instrumentos del bien, las armas del bien; y, a semejanza de un guerrero medieval con su indumentaria y su equipamiento de combate, establece un paralelismo con las “armas” que debe poseer un verdadero líder espírita.

  • En primer lugar, la espada de la gratitud.

“La gratitud es una herramienta que penetra los castillos de piedra más ásperos en los corazones de las personas”. (1).

La espada de la gratitud, simboliza la decisión de adoptar una actitud positiva ante la vida y el prójimo, con lo cual, no nos queda más que agradecer todo lo que nos sucede, especialmente con las personas que envuelven, por así decirlo, nuestra vida, y que nos dan la posibilidad de interactuar y crecer con ellas; derribando así los muros que el orgullo y el egoísmo edifican, y que distancian a los unos de los otros; levantando barreras donde solo deberían de existir espacios para la comprensión, la solidaridad y el amor.

  • Como escudo, la renuncia.

“La renuncia es la protección más eficaz contra la oscuridad de las guerras porque transforma el corazón mismo. Conduce de las lágrimas de la rebelión a la paz de la resignación. La renuncia es, por lo tanto, impenetrable y brinda protección sin generar frialdad en el corazón”.

El escudo de la renuncia protege al buen luchador de los golpes que la vida invariablemente habrá de darle en sus múltiples formas, evitando caer en la rebeldía, en el desánimo, o en la frialdad, consecuencia de las heridas que determinadas situaciones pueden abocar al ser poco vigilante a que el corazón se retraiga y se insensibilice.

  • Como grito de guerra, el silencio.

“Mientras la lógica de la Tierra los incita a las artimañas de la astucia, el camino del bien los llama a la elocuencia del silencio.

En el ruido de la Tierra, quien grita más fuerte o siembra la discordia con la mayor claridad, gana. En las sinfonías del Cielo, prevalece el instrumento que logra sostener el silencio, para que pueda sonar en el momento oportuno, en el momento de Dios”.

Quien sabe manejar “la elocuencia del silencio”, comprende que Dios prepara y mueve sus fichas con gran sabiduría, en el momento adecuado, ni antes ni después.

El silencio es un signo de fortaleza, de seguridad en uno mismo, pero que también se sustenta en la confianza depositada en el buen hacer de los Planos Superiores, que saben perfectamente de nuestras necesidades y posibilidades. Hablamos de un silencio consciente, responsable, no cobarde; de aquel que confía más en Dios que en sí mismo.

  • Y, por último, como estrategia de combate, la humildad.

Mientras la lógica del mundo los seduce con los poderes temporales de la vanidad, los clarines de lo alto llaman su atención a la verdad de la humildad.

La humildad vacía el corazón en el buen sentido, abriendo las fibras del ser a nuevos horizontes nunca antes alcanzados.

Con la estrategia de la humildad, el corazón llega a controlar el ego, y calma la falsa necesidad de destacarse sobre los demás. Del mismo modo, sustituye el rigor que aleja e irrita por la flexibilidad, ya que comprende la necesidad de vivir en armonía con el prójimo, y que todos podemos aportar algo positivo al conjunto de la sociedad en la que nos desenvolvemos.

Maria Edwiges Borges

Por lo tanto, queridas almas, dejen de ser los viejos caballeros, para transformarse en guerreros del bien.

Con la espada de la gratitud, ningún corazón es lo suficientemente duro y resistente.

Contra el escudo de la renuncia, ninguna arma de la oscuridad puede penetrar.

Contra la elocuencia del silencio, ningún grito de guerra puede acallarla.

Contra la estrategia de la humildad, ningún plan de guerra puede derrocarla”.

Seamos pues, verdaderos guerreros del bien, puesto que con dichas armas será posible salir victoriosos de los combates que la vida nos tenga reservados, evitando numerosas caídas y sufrimientos innecesarios.

Redacción

***

(1) En negrita y cursiva, parte del mensaje de María Edwiges Borges.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *