LA CONSTANCIA
El comenzar el bien, de todos es; más perseverar en el bien, es de pocos.
Cuando una nueva idea se presenta en el mundo, muchos se asocian a ella por mera curiosidad, por el interés momentáneo de la novedad del minuto. La fiebre del entusiasmo es flor de un día; por la mañana abre su corola, y por la tarde se inclina marchita, sin que el rocío del estudio logre darle vida.
iCuántos nobles pensamientos mueren al nacer por esa tendencia que tenemos a la volubilidad!
¡Cuántos propósitos de regeneración se quedan en proyecto porque obedecemos a la ley de la inconsciencia!
Ley creada por el hombre, porque éste, en su libre albedrío, crea la sinrazón de las cosas, y la inconstancia está en oposición de las leyes eternas de la creación.

Estudiemos la naturaleza, y veremos cómo todas las especies hacen constantemente un mismo trabajo, y cómo los elementos periódicamente nos ofrecen sus necesarias metamorfosis para la continuidad y renovación de la vida; sólo el hombre, como el Satán de la leyenda, se rebela contra la suprema voluntad de su destino.
[…] La constancia, utilísima si se emplea en la práctica del bien y en la instrucción y elevación de nuestro espíritu, nos sirve de poderosísima ayuda si nos acogemos a ella para el estudio del espiritismo, haciéndonos conseguir un resultado superior a nuestras más halagüeñas esperanzas.
El espiritismo es una mina de progreso indefinido, y sus inagotables filones no los encuentra el minero a las primeras excavaciones; necesita trabajar con paciencia, con método y sobre todo con una constancia inalterable: así encontrará una decidida protección en nuestros amigos invisibles, que no nos facilitan tesoros de las mil y una noches, pero que nos inspiran para predicar el amor y para practicar el bien.
Decía un sabio que gustando la ciencia se cae en la incredulidad, pero empapándose en ella se torna a la fe. Pues esto pasa con el espiritismo.
Mirado por fuera, por las mesas parlantes, los ruidos inusitados y el movimiento de los muebles, impresiona por el momento y nada más; pero estudiando sus obras fundamentales y dedicándose asiduamente a la comparación de sus hechos reales y positivos con los milagros y las especulaciones de las sectas religiosas, se encuentra en él la tierra prometida de las Sagradas Escrituras; porque vemos que el bueno es coronado con los laureles de la victoria, y el pecador tiene la eternidad ante sí, para arrepentirse de sus faltas y entrar en la senda del deber.
Lo repetimos; la perseverancia empleada en el estudio es útil siempre, y aplicada al espiritismo reporta al alma un bien inapreciable; porque el progreso que alcanza le sirve para penetrar en mundos regenerados, de los cuales el espíritu constante está separado por millones y millones de siglos; la constancia en querer progresar, le acorta el camino y le presenta panoramas espléndidos que el hombre de la tierra ni en sus sueños más hermosos llega a ver jamás.
Seamos, pues, constantes en nuestro trabajo; y nuestra constancia nos llevará a las regiones felices donde el amor es una ley, y la ciencia más profunda, el conocimiento general de todos los seres; donde no hay hombres ingratos ni almas ignorantes; donde se adora la naturaleza y el bien propio y ajeno.
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Amalia Domingo Soler
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“La Constancia”. Extraído de la obra: SUS MÁS HERMOSOS ESCRITOS. Escrito por Amalia Domingo Soler.
Imagen portada: TRSDA.


