HACER CARIDAD A LOS ESPÍRITUS
Hacer caridad a los espíritus, es un estudio, es un trabajo, es una investigación que debe revestir tal seriedad y examen tan minucioso, que sólo personas competentes deben dedicarse a ella, pero no las personas ignorantes, no los seres viciosos de conducta reprensible que por pasatiempo, por curiosidad y hasta por interés propio, se dedican a perder algunas horas pronunciando pláticas insulsas y dando consejos vulgares o haciendo preguntas impertinentes que dan por resultado relaciones terroríficas de los espíritus en sufrimiento, gemidos, sollozos y al fin un grito de alegría, porque han visto la luz, ¿Y la luz dada por quién? Por alguna mujer murmuradora que antes y después de la sesión, saca a relucir las faltas de cuantos conoce, o por algún hombre que vive egoístamente su vida material.
[…]Antes que espiritistas somos racionalistas, y encontramos que la mejor caridad es conocer nuestra ignorancia y nuestra pequeñez que no nos permite dar luz a nadie, cuando de ella carecemos una gran parte de los espiritistas.

[…]El hacer la caridad a los espíritus sin tener la más leve noción del Espiritismo, sin conocer qué es el fluido, sin comprender en lo más sencillo la vida de ultratumba, ¿Cómo puede asegurarse que uno no es víctima de un engaño, de una superchería? Si desconoce por completo las malas artes de los espíritus, si no puede distinguir la mentira de la verdad. Si la identidad es poco menos que imposible con los seres desencarnados. ¿No se pierde un tiempo precioso exhortando a quien no se conoce?
Habrá espiritistas tan convencidos como nosotros, de la verdad innegable de la comunicación ultraterrena, pero más que nosotros no, porque le hemos debido al conocimiento del Espiritismo las horas más hermosas de nuestra vida. Nosotros no abjuramos de creencias cimentadas en el estudio y en la manifestación de los espíritus, únicamente disentimos en algunas prácticas porque las consideramos muy peligrosas y no queremos catástrofes como las que ya hemos presenciado.
[…]Nadie como el verdadero espiritista comprende que no hay más privilegio que el trabajo individual y el afán que tiene cada uno de progresar dentro de su esfera.

Si todas las ciencias necesitan tan profundos estudios, para conocer una mínima parte de sus propiedades y manifestaciones, el Espiritismo que es la ciencia de las ciencias, ¿No necesitará investigaciones analíticas? ¿No será necesario un detenido examen de las comunicaciones de los espíritus? ¿No será indispensable poseer una buena parte de sentido común, para saber apreciar los consejos e instrucciones de ultratumba? Creemos que sí, creemos que ante todo debe uno tratar de adquirir los conocimientos rudimentarios, para comprender algo de ese gran todo llamado Espiritismo.
No sabemos si por suerte o por desgracia, hemos tocado muy de cerca las consecuencias tristísimas de la impremeditación de algunos espiritistas, tan creyentes y tan bondadosos como ignorantes en la cuestión de tratar con los espíritus, para lo cual se necesita no sólo un estudio profundo de cuanto concierne a la vida de ultratumba, sino también conocimientos adquiridos en otras existencias, que se manifiestan por una doble vista sorprendente y una penetración maravillosa, condiciones indispensables para emprender la difícil tarea de hacer caridad a los espíritus y saber distinguir entre el alma apenada y afligida y el ser que se divierte haciendo padecer a los médiums, estorbando las sesiones con su obstinada permanencia en ellas, entreteniendo horas y horas al auditorio con monosílabos entrecortados, arranques violentos y una carcajada burlona por punto final.
Será muy bueno y muy santo hacer caridad, pero ha de hacerse con conocimiento de causa, es preciso saber a quién se hace la caridad.
Dice un antiguo refrán: haz bien y no mires a quien, y ese aforismo lo rechazamos, porque dar sin saber qué clase de persona lo recibe, es exponerse a fomentar el vicio quitándole al verdadero necesitado un consuelo y un alivio en su dolor. Pues esto mismo sucede con los seres desencarnados…
No todos sirven para esa clase de trabajo, nosotros, por ejemplo, que llevamos más de quince años trabajando continuamente, en la propaganda del Espiritismo, con verdadero entusiasmo, con íntima y profunda convicción de que la comunicación de ultratumba es la manifestación de la vida del infinito, si nos viéramos precisados a dirigir un Centro Espiritista, confesaríamos ingenuamente que no tenemos condiciones para ello, porque no sabemos distinguir el oro del oropel.
Nos sucede a veces que no nos satisfacen algunas comunicaciones, que dudamos cuando los espíritus dan nombres de eminentes sabios, en silencio rechazamos cuanto nos parezca que está reñido con el sentido común, pero no sabemos discutir con los espíritus y conociendo nuestra insuficiencia enmudecemos, en cambio, hemos visto muchas veces a hombres del pueblo dirigiendo perfectísimamente una sesión por borrascosa que haya sido, manteniendo a raya a los espíritus perturbadores.
[…]Por nuestra parte diremos para concluir que por lo mucho que nos interesa la propaganda del Espiritismo, porque rendimos ferviente culto a las comunicaciones de los espíritus,
queremos que los espiritistas se hagan la caridad de conocerse a sí mismos, y cada cual trabaje en el terreno que le pertenezca.

Los más sabios no son por privilegio, sino porque han trabajado miles de existencias, esos que se dediquen a investigar y analizar los efectos desconocidos de las leyes naturales, y pregunten a los espíritus qué misterios encierra la vida de ultratumba, y los obreros de última hora, los que sólo tenemos buena voluntad, contentémonos con ir quitando piedras del camino sin meternos en honduras de hacer caridad a los espíritus, porque es muy fácil, que si los ciegos guían a otros ciegos, todos resbalen y caigan en el abismo.
El estudio del Espiritismo, reclama ante todo que no se resuciten nuevos fanatismos, la comunicación de los espíritus es luz y verdad, no arrojemos sobre ella la sombra del error.
–
Amalia Domingo Soler
***
Extracto del Capítulo XXX; 1ª y 2ª parte, titulado: “Hacer caridad a los Espíritus”. Del libro: La Luz de la Verdad.



Amalia nos está diciendo aquí que la comunicación con los espíritus lleva una gran responsabilidad y que antes de ponernos a instruir a espíritus que necesitan ayuda, deberíamos estar seguros de que estamos preparados para ello, puesto que puede ser contraproducente. Igual que no aconsejamos mal a un amigo encarnado, tampoco debemos hacerlo con los desencarnados. Además, los espíritus ven nuestra condición moral, por lo que se darían cuenta si estuviéramos siendo hipócritas. Muy interesante. Muchísimas gracias por compartir este consejo de nuestra queridísima Amalia. Un gran abrazo fraternal.