EJERCICIOS DE PAZ EN EL HOGAR
Al estar en contacto con las áreas espíritas y al esclarecerse con sus lecciones, nadie desconoce la grandeza con que se reviste la estructura familiar, con relación a los programas sagrados en los cuales el Creador nos ha inscripto, a fin de que avancemos en la senda evolutiva.
En la familia corporal – grupo de almas vinculadas a nuestros amplios engaños y a nuestras parcas virtudes – encontramos las oportunidades de aprender, en la convivencia diaria, las disciplinas capaces de reconstituirnos para el ejercicio de nuestra propia paz.
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FOMENTAR UN CLIMA DE TRANQUILIDAD EN EL HOGAR
Al colocar empeño en las enseñanzas de Jesucristo, evite volverse un elemento despótico en su hogar, como si todos le debiesen obligaciones de subordinación al tener que doblarse a sus caprichos.
En la confianza con que debe entregarse al Señor, dejándose imbuir de tranquilidad, procure no agredir con palabras hirientes o con silencios glaciales a aquellos que están a su alrededor en la lucha doméstica.
Atento al impositivo de la humildad y de la generosidad, ante la luz del Evangelio que le indica el rumbo a seguir, huya del esnobismo intelectual juntamente con la ostentación vacía y sin sentido, como forma de querer ponerse en evidencia, humillando a los que están bajo su custodia o a los que participan en lo cotidiano con usted.
En la marcha hacia las bendiciones del Reino de Dios, dedíquese al cultivo de la disciplina, a fin de que no use gritos ni expresiones de violencia cuando esté frente a la rebeldía o a la persistencia de las equivocaciones de los hermanos-familiares que viven con usted.
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DIALOGAR Y AGRADECER

En el anhelo por crecer en la convivencia con los ennoblecidos ideales de los Espíritus de Luz, aprenda a dialogar para solucionar problemas, conversando equilibradamente para el bien general; haga lo posible para no reprochar el afecto de sus seres amados o para no reclamar la consideración que, tal vez, usted todavía no haya tenido, ni esté haciendo nada por merecerla.
Dedíquese a agradecer las mínimas cosas con que sea beneficiado en casa, y a ser gentil con sus más allegados y con sus auxiliares domésticos, obsequiándolos con su alegría natural, con su fraternidad y sin la hipocresía que envenena la linfa de la vida.
Si es correcto que en el ambiente del hogar usted tiene el territorio libre para mostrarse cómo es y para desenvolverse, no se puede olvidar, entretanto, que no cabe a los otros soportar sus impulsos negativos o su desastrosa falta de vigilancia, por el hecho de que ellos hagan parte de su grupo familiar.
Al trabajar con discernimiento y al beneficiarse con la devoción al bien – suya y de todos -, usted conseguirá con el pasar del tiempo la conquista de la paz del hogar, por medio de sus perseverantes y nobles ejercicios que, aunque le costarán disciplina y atención permanente, le propiciarán alegría y renovación imperecederas, acompañando sus pasos rumbo a Dios, hacia la plenitud de su legítima paz con la cual usted honrará las bendiciones familiares en las que se encuentra vinculado.
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Thereza de Brito (Espíritu)
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“Ejercicios de paz en el hogar”. Capítulo 4; de la obra: VEREDA FAMILIAR. Psicografía de Raul Teixeira.
Imagen portada: AlisaDyson.



Por ahí es por donde debemos empezar. Que artículo tan útil! Gracias.