DESCALABROS MORALES
Ocurren, con una voracidad sorprendente, los escándalos en la sociedad contemporánea, que se siente aturdida bajo el clamor de las decepciones y de los desencantos que van aumentando. Aunque causan un gran impacto al principio, pronto llegan a convertirse en sucesos comunes y triviales, cuando el más reciente, siempre más escabroso, disminuye o apaga las impresiones perturbadoras del anterior.
Son de toda índole, teniendo sus raíces en el egoísmo y en la prepotencia humana, consecuencias del atavismo animal.
Conocidos en todas las épocas de la Historia, en la civilización actual alcanzan un clímax alarmante y sin precedentes.

Ciudadanos, masculinos o femeninos, de elevada condición social, que se presentan como verdaderos modelos de triunfo, de repente son sindicados como criminales vulgares, debido a sus torpes compromisos morales, que revelan el barro sobre el cual edifican las apariencias brillantes.
[…] Se creen inteligentes por la habilidad de burlar las leyes, de engañar a los demás, cuando, en realidad, apenas son astutos de breve tránsito en el cuerpo.
Infelizmente el triste espectáculo encubre la cultura de la depravación que avanza hacia el caos.
No todos los individuos terrestres se encuentran delatados con la marca de la deshonra. Aquellos son deshonestos, llaman la atención y parecen constituir la gran mole humana.
A pesar de ser desconocidos, existen en todos los segmentos sociales individuos honorables y dignos. Son ellos los pilares sobre los cuales se construyen las civilizaciones, la ética y la cultura saludable.

Este es un momento de transición espiritual que alcanza a todos los programas de la evolución terrestre.
Se enfrentan dos sociedades: la decadente, que está acostumbrada al mal, y la otra, la digna, que trabaja en el bien.
La inevitable victoria, sin duda, es la de la seriedad, la del proceder saludable, porque el crimen, que es un desvío de conducta, no es el comportamiento correcto.
No se debe, por lo tanto, albergar dudas íntimas ante el triunfo engañoso de los criminales bien vestidos y envidiados.
Ignoras los conflictos que los aturden, porque nadie logra vivir irregularmente y en paz.

Ellos ahogan los tormentos, o por lo menos lo intentan, en las libaciones alcohólicas, en los excesos sexuales, en las drogas ilícitas, con la finalidad de permanecer en el podio del placer, desconfiados, temerosos.
No los envidies, no los anatemices. Ellos ya están sobrecargados de preocupaciones, insatisfechos con su propia existencia, que perdió el sentido psicológico y fundamental de la vida.
Son triunfadores, sí; pero verdugos de sí mismos.
El comportamiento correcto es el único que propicia armonía intima.
Confía en Dios y en Su paternal misericordia.
Reflexiona sobre los afligidos que, a tu lado, también se retuercen en dolores terribles; están resarciendo el comportamiento insensato de las existencias pretéritas.
Lo mismo sucederá a los fantoches aplaudidos de hoy por sus aficionados.
En cuanto a ti, actúa siempre con rectitud, cultivando el bien en todas las circunstancias.
Quien viera a aquel Hombre bajo el peso de la cruz y a Pilatos, que lo crucificó, creería que el representante de César era el triunfador.
Inmediatamente después, Pilatos fue enviado al exilio y se suicidó, mientras que el Hombre condenado murió y resucitó, como triunfo de la inmortalidad.
Piensa, de esa manera, en la gloria terrestre y en la espiritual, y haz tu elección.
Joanna de Ângelis
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Extracto del capítulo 17, titulado: DESCALABROS MORALES. De la obra: “Sea feliz hoy”. Psicografía de Divaldo Pereira Franco.
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