NO OLVIDÉIS, QUE RECIBÍS SOLO LO QUE MERECÉIS
“Dios es soberanamente justo”; partiendo de este punto, tenemos que analizar bien todo lo que nos pasa para tratar de comprenderlo, y vivir conscientemente nuestra realidad.
En el libro El cielo y el infierno de Kardec, se explica cómo las penas no pueden durar eternamente, y nos habla del código penal de la vida futura.
“En este código penal divino, la sabiduría, la bondad y la previsión de Dios para con sus criaturas se revelan incluso en los más ínfimos detalles”. Allan Kardec. (2)
Por lo tanto, el espíritu sufre las consecuencias de sus imperfecciones y faltas; no hay una sola imperfección del espíritu que no lleve consigo consecuencias molestas e inevitables, y ni una sola cualidad que no sea el origen de una alegría.
Por la ley del progreso, cada espíritu puede mejorar, más rápidamente o lentamente, depende de su esfuerzo, dejando a cada uno el mérito de sus obras.
De tal modo, toda falta cometida, todo mal, es una deuda contraída que debe ser pagada para lograr la vuelta al camino correcto, al del bien; para ello no hay un tiempo regulado para hacerlo.
Finalmente, el arrepentimiento, expiación y reparación son las tres condiciones para borrar las huellas de un daño y sus consecuencias; para ello, nos dan todo el tiempo que queramos; cuanto antes corrijamos, tendremos menos sufrimiento.
Mari Paz Irigoyen.
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[1] «No olvidéis, que recibís solo lo que merecéis». Ideas recibidas mediúmnicamente en el Centro Espírita Hogar Fraterno a lo largo de varios años.
(2) El Cielo y el Infierno. 2ª Parte. Capítulo VI. Un Espíritu recluido.
Imagen portada: AndPan614.


