Desafíos Y Victoria

En el planeta terrestre se respira una atmósfera saturada de fluidos deletéreos.

Una inmensa ola de alucinación arrasa el orbe de un hemisferio al otro, bajo los impulsos de la insatisfacción, que genera violencia; de la frustración, que fomenta el desencanto; y de los deseos insatisfechos, que conducen a la beligerancia, al crimen, a la desesperación desenfrenada.

Las aspiraciones espirituales parecen enterradas bajo los escombros de las doctrinas que fracasaron por el descuido de quienes las predicaban.

El hombre y la mujer, aturdidos en su interior, pierden de repente el significado y el sentido de la existencia moral, y consideran que los valores éticos han sido superados por la promiscuidad de la insensatez, por la voluptuosidad de los placeres inconcebibles.

Imagen: Tumisu.

La desesperación avanza al galope, y hasta los temperamentos dóciles se dejan contagiar, desvariando, en la búsqueda ininterrumpida de novedades que no satisfacen sus sentimientos.

Las estadísticas negativas aumentan.

Los altos índices de criminalidad desorientan, y la decadencia moral prosigue inexorable.

A partir de un análisis superficial resulta la sensación lamentable de que la locura constituye una buena conducta, y de que los propósitos superiores de la dignidad, la actitud correcta y la acción adecuada son irrelevantes.

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Frente a la avalancha que crece, se afianza la modesta barrera levantada para obstaculizar la inmensa ruina final…

Se podría creer que las criaturas humanas están entregadas a sí mismas, y que ninguna providencia superior ha planificado una transformación profunda en este proceso de locura y desequilibrio.

Como una de las consecuencias más inmediatas, las enfermedades se propagan, inexorables, diezmando multitudes inermes, insatisfechas y tristes.

Cada año los accidentes ciegan millones de vidas, que parecen no valer nada en el cómputo general. Con todo, en medio del pandemonio surgen los esfuerzos del amor y de la virtud, para invitar a los que tienen oídos y ojos para registrar la Divina Presencia, a que prosigan en sus ideales y perseveren en la paz.

Han llegado, en efecto, los tiempos de la grandiosa e inevitable selección natural. Ya no a paso lento, sino de manera abrupta, instalando en la Tierra -que dentro de poco se encontrará agotada por el cansancio de la utopías- el periodo del bien, de la verdad y del amor.

Muy pronto, saturados por los excesos, los seres humanos se volverán hacia Dios con ansias de pureza, de equilibrio, de respeto, en busca de los valores de la solidaridad y la fraternidad, que deben imperar como herramientas fundamentales del progreso.

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Imagen: geralt.

Evita la gran derrota.

Mantente en la lucha bendita de los compromisos redentores, aunque de repente parezcas una personalidad exótica en medio de los alucinados, porque serás portador de una conducta saludable junto a los exotismos del desequilibrio.

Conserva, a cualquier precio, las fronteras de tu domicilio y los paisajes de tus sentimientos, y no permitas que se instalen en ellos los virus de la descomposición, que llevan al aniquilamiento y consumen los ideales de belleza.

Fuiste llamado, en esta hora grave, para la tarea de preservar la verdad cristiana, porque ayer contribuiste, de un modo u otro, con la generación del actual desenfreno de las pasiones. Cooperaste con la avasalladora ola de desequilibrio, y ahora sufres las consecuencias inmediatas.

Cultiva el bien del modo que sea, y sé un cordero entre los lobos, con la certeza de que el Pastor sabrá preservarte de las celadas del mal.

Y con la conciencia tranquila, afirmada en el deber cumplido, experimentarás la felicidad que muchos buscan entre los senderos de la alucinación, y entonces vivirás la plenitud que anhelas.

Joanna de Ângelis

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Extraído del libro: MOMENTOS DE ARMONÍA. Capítulo 11. “Desafíos y Victoria”. Psicografía de Divaldo Pereira Franco.

Imagen portada: geralt.

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